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Ropa y textiles

Hay muchas maneras de entrar en contacto con los textiles en nuestra vida diaria: las prendas que llevamos, la ropa de cama en la que dormimos, las toallas con las que nos secamos, y los muebles en los que nos sentamos. Se añaden sustancias químicas a estos productos por diversos motivos para su mejora, pero, en algunas personas, pueden causar efectos molestos para la salud, como las alergias.

La gama, el color y la textura de los tejidos dependen del ingenio de los fabricantes, los procesos de producción a los que se someten, y las sustancias químicas empleadas. Durante el proceso de fabricación, los textiles pueden pasar por diversos tratamientos químicos y no químicos, entre los que figura la preparación y el tratamiento previo, la tinción, la impresión y el perfeccionamiento de los tejidos.

Las sustancias químicas sirven para diversos fines

Se puede encontrar una gran variedad de sustancias químicas en los textiles y la ropa. Algunas se utilizan para dar al producto un cierto efecto; por ejemplo, los biocidas se emplean para impedir el crecimiento de moho en el calzado, los tintes, para dotar a las prendas de colores específicos, y las sustancias hidrófugas, para que llevar las prendas en el exterior resulte más práctico. En ocasiones, se añaden sustancias químicas especiales para garantizar que la ropa no se arrugue ni se cubra de moho durante largos periodos de transporte. Algunas prendas y zapatos contienen agentes bactericidas para combatir el mal olor. Los textiles también pueden contener aceites y grasas, almidón, aceites sulfonados, ceras y algunos surfactantes.

Los textiles para la ropa también se terminan en ocasiones con sustancias químicas, por ejemplo, para dotarles de rigidez y evitar que se arruguen. Las sustancias químicas empleadas en sus nanoformas ayudan a fabricar textiles más resistentes al agua, las manchas, las arrugas, las bacterias y el moho.

Algunas de las sustancias químicas pueden ser nocivas. Por ejemplo:

  • el formaldehído y el látex pueden causar reacciones alérgicas.
  • Las impresiones en camisetas, los zapatos de plástico o las bolsas con piezas de plástico blando pueden contener ftalatos, y ablandadores de plástico. Algunos de ellos pueden dañar nuestra capacidad reproductiva.
  • Las cremalleras y otras piezas metálicas pueden contener níquel, que puede causar reacciones alérgicas.
  • Los productos de cuero pueden contener cromo VI, que puede provocar asimismo una reacción alérgica.
  • Algunas sustancias de tintado pueden resultar nocivas para nuestra salud.

Reducir las sustancias químicas peligrosas en los textiles

Actualmente, la UE restringe o prohíbe numerosas sustancias químicas peligrosas que se han utilizado en los textiles durante años, por ejemplo, los colorantes azoicos (presentes en los textiles y los productos de cuero), determinadas sustancias de tintado (textiles y productos de cuero), cromo VI (productos de cuero), dimetilfumarato (DMF, utilizado para evitar el moho) o ciertos ftalatos (textiles, zapatos de plástico).

Muchos fabricantes de textiles también reducen el número de sustancias químicas peligrosas en sus productos.

Consejos para consumidores

  • Lavar los textiles nuevos antes de usarlos.
  • Considerar los textiles con etiquetas ecológicas oficiales, por ejemplo, la etiqueta ecológica de la UE. Los textiles en los que figura dicha etiqueta se han producido con un uso limitado de sustancias químicas nocivas.
  • Utilice su derecho a preguntar si los textiles que adquiere contienen sustancias extremadamente preocupantes por encima de un límite determinado.

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